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El Reino de Urd y el Bosque de Dir (II)

En la anterior entrada El Reino de Urd y el Bosque de Dir (I) conocimos esta inhospita región del norte de la Tierra Media y algunos detalles de su política y personajes influyentes. Es hora de conocer a sus principales habitantes, los urdar.

 

LA HORDA DE LOS TRINEOS (LOS URDAR)

SOCIEDAD Y CULTURA

La Horda de los Trineos es el sobrenombre con que se conoce a los urdar (Urd. ”Hijos de Urd”, sing. Urdarn). Tienen su origen en su epónimo ancestro, Urd, uno de los Padres de los Hombres que se inclino ante Morgoth (el espíritu exaltado que se convirtió en la encarnación del mal) en Hildórien. Urd fue uno de los perseguidores de aquellos hombres “renegados” que se negaron a unirse al Señor de la Oscuridad; así es como Urd creo el arquetipo que inspiraría a su progenie posterior a renovar su vocación al servicio de Sauron (el servidor de Morgoth y heredero de su maldad al desaparecer el primero).

Algunos siglos después de la muerte de Urd, los urdar abandonaron sus perversas costumbres y se mantuvieron, durante dos mil años, bajo el gobierno de un benévolo linaje de matriarcas; sin embargo, los urdar recuperaron sus viejos hábitos bajo el gobierno de Hoarmûrath (¡Hola!), el hermano rebelde de la última matriarca, y quien, llegado el momento, acepto el Anillo de poder ofrecido por Sauron.

El imperio de conquistas que Hoarmûrath creo a través de las tierras del norte de la Tierra Media alteró profundamente la sociedad úrdica. A medida que los clanes matrilineales iban perdiendo importancia, las bandas de guerra móviles emergieron como grupo de unión fundamental. El poder de combate es el único criterio de liderazgo dentro de una banda, y los desbancamientos violentos son frecuentes (tanto por muerte en combate como por la rivalidad interna).

Un caudillo puede acceder (sexualmente hablando) a todas las mujeres de la banda, y los hijos de las madres que no han sido “sembradas por la lanza del caudillo” son tratados como extraños, abandonados para que mueran a manos del clima o condenados a la esclavitud. En los casos en que el líder de la banda resulta ser una mujer, este rito para establecer el parentesco (si se puede llamar así) es realizado generalmente por su amante preferido. Aunque la brutal simplicidad de esta costumbre la convierte en una forma efectiva de definir a la banda y los limites de la lealtad, la sucesión, en ocasiones demasiado rápida, de caudillos provocada por esta desgaste se convierte a menudo en un pretexto para “eliminar” a los propios rivales: cualquiera que no sea aceptado como nuevo líder se convertirá en un extraño, sea cual fuera su categoría con el caudillo anterior.

Cuando no se pueden soportar los conflictos internos de una banda, generalmente se resuelva la situación con una separación (la facción que pierde forma su propia banda o intenta entrar a formar parte de otra banda ya existente). Ningún urdar se atreverá a luchar contra su propio pueblo – ni siquiera quienes han sido marginados – a menos que entren a formar parte de una banda rival. Por este motivo, existe un continuo tráfico de enemigos personales entre diversas bandas. Por la misma razón, los individuos que huyen de un determinado conflicto pueden acabar jugando al mismo juego: ¡Si un enemigo temido se une a una banda hostil al grupo actual de un individuo, ese individuo podría contrarrestar esa maniobra abandonando a sus propios familiares y uniéndose a otra banda que este en buenas relaciones con aquella a la que se ha unido su enemigo!. Naturalmente, este “trafico” de bandas tiene sus limites; un caudillo puede negarse a aceptar a un guerrero proscrito cuyo único motivo para unirse a su grupo es causar problemas a otra banda. Por otro lado, un caudillo que ande corto de guerreros no podrá permitirse rechazar a ese guerrero, y así se ira perpetuando el circulo vicioso.

Los urdar son uno de los pueblos de hombres más crueles y sedientos de sangre que se conocen, y su grado de salvajismo solo se puede comparar con su sed de saqueo. En cierto sentido, los urdar ya no tienen una cultura propia; todo lo han robado de otros pueblos. Quizás fuera la desesperación y la furia los que les empujara en un primer momento a realizar actos tan brutales como la esclavitud o la tortura de mujeres y niños en sus pozos de osos, en los que las víctimas morían agónicamente mientras la multitud vitoreaba a los animales. Sea cual sea el motivo de su crueldad, los urdar son una amenaza que no debe ser tomada a la ligera.

RELIGIÓN Y COSMOLOGÍA

Los hijos de Urd se mantienen fieles a la blasfema adoración de su padre, y apaciguan al Señor de la Oscuridad persiguiendo a quienes se niegan a reconocerle como amo. Inspirados por este aborrecible credo, los urdar no sienten ningún respeto por la vida humana, y menos todavía por la suya propia. La muerte en combate es un honor, no encuentran ningún tipo gloria en un campo sembrado de trigo, y disfrutan torturando a humanos tanto como a animales. Aunque tanto los hombres como las mujeres toman parte en los grupos de incursión, desprecian por encima de todo a las hembras, los niños y los ancianos de otras culturas. Tales individuos son débiles e incapaces de trabajar durante mucho tiempo; por tanto, no tiene ningún valor, salvo como diversión en los pozos de osos. Ninguna suplica de piedad por parte de estas víctimas ha conseguido enternecer a ningún urdar. Los urdar violan, mutilan y disfrutan; luego se deshacen de las vidas humanas a las que consideran inútiles.

Entre ellos, los urdar comparten un extraño vinculo de unión. Sus sentimientos de afecto no proceden del amor o el cariño habituales, sino de un sentido pragmático de la supervivencia. La banda no puede luchar a menos que todos sigan los dictados del líder y trabajen con sus camaradas, si un guerrero se dedica a librar la guerra por su cuenta en medio de un combate, demostrara ser un vinculo débil dentro de la cadena de poder de la horda, y será abandonado (eso si no le matan directamente). No es sorprendente que los urdar no reconozcan ningún parentesco ni estructura familiar. Las madres crían a sus hijos hasta que ya pueden sobrevivir por si mismos entre los guerreros; a partir de ese momento, los jóvenes son libres de ganarse la vida por su cuenta o morir. Quizás una de las imágenes más escalofriantes que se puedan contemplar en una banda urdar sea a los jóvenes urdar, que luchan con tanta ferocidad como los guerreros más veteranos.

COSTUMBRES BÉLICAS

Los urdar
Los urdar

Una hueste úrdica esta formada por entre cien y doscientos guerreros (incluyendo mujeres y adolescentes). Les acompañan pequeñas patrullas de exploración formadas por entre dos y veinte personas, en combate, la hueste principal ataca frontalmente a las líneas enemigas, mientras que las patrullas se dispersan y atacan por los flancos. Los enormes trineos de los guerreros son tirados por grandes osos polares o perros de guerra especialmente entrenados para ello. Igual de aterradores son los sukset, o esquís, que proporcionan a los incursores urdar una rapidez de movimiento que ningún otro pueblo del norte puede igualar.

Durante una incursión, los urdar se mueven rápidamente, derribando a sus oponentes, cogiendo todo lo que pueden llevarse y abandonando el lugar tan rápido como les sea posible. A menudo realizan incursiones para destruir pueblos enteros antes de que se pueda reunir ningún tipo de defensa. Como saquean a muy diversos pueblos, los urdar tienen acceso a muchos tipos y estilos de armas, desde lanzas hasta hachas o espadas. Lo mismo sucede con las armaduras: un guerrero podría ostentar una extraña mezcla de piel, ropa acolchada o incluso cuero endurecido.

APARIENCIA

Físicamente, los urdar suelen tener el cabello oscuro, y el color de sus ojos oscila entre el azul/verde y el avellana. Tanto hombres como mujeres suelen llevar el pelo bastante corto, para evitar molestias en combate. Los varones lucen generalmente espesas barbas, normalmente recogidas en trenzas de mediana longitud. El color de su piel es ligeramente más oscuro que el del resto de pueblos de las tierras del norte.

Como ocurre con su armadura, los incursores úrdicos no tienen un atuendo característico, aunque quizá se podría decir que es eso mismo, la ausencia de un atuendo habitual, lo que les caracteriza. Su atuendo es un testimonio constante de la forma de vida de este pueblo, que subsiste gracias a los demás. Algunas hordas podrían llegar a arrebatar a sus víctimas algo mas aparte de la ropa y la comida. En algunos grupos se pueden encontrar niños con el pelo rubio, la piel clara y los ojos azules como el cielo. Aunque estos niños deberían de ser tratados de forma compasiva, este no es sino otro ejemplo de la crueldad de los urdar.

Referencias: Rolemaster, MERP, I.C.E.

MERP

Rey de Urd; Tar-Formen (S. Rey del norte); Rey de Hielo; el Frío; el Sexto. Nazgûl.

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