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Autor Tema: Wirt Blackwood, apuesto escritor  (Leído 437 veces)

Helidiana

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Wirt Blackwood, apuesto escritor
« en: Enero 16, 2017, 12:29:56 am »
Nací en un pueblo, una ciudad pequeña de las afueras. Desde pequeño, supe que tenía un talento para ver la realidad y representar el mundo que me rodeaba, aunque al parecer sólo mi madre Sarah supo apreciarlo realmente. El resto de mi familia; mis hermanos mayores y mi padre, nunca supieron verlo o simplemente estaban demasiado celosos como para reconocerlo. Mi infancia fue dura, llena de fracasos intelectuales a mi alrededor y de castigos por parte de mis congéneres. A una pronta edad ya sabía que ese lugar no correspondía a una mente como la mía, sabía que debía buscar otro sitio al que ir, uno donde apreciaran mis logros. Sin embargo, era demasiado joven como para poder vivir por mi cuenta. Mi madre me cuidó y protegió, a pesar de que mi padre también la castigaba por ello.  Gracias a ella y a sus esfuerzos tuve un expediente magnífico y conseguí entrar en la universidad, aunque mis dotes tampoco quedaron exentas de envidia allí. Esperaba obtener algo más de reconocimiento en un ambiente tan intelectual, mas la experiencia me mostró que los humanos somos seres llenos de amargura y odio hacia los demás, por lo que decidí irme y...

-Disculpe... ¿Eso significa que le expulsaron de la facultad? -me preguntó el escuálido periodista en prácticas. Chasqueé la lengua con gesto de fastidio.

-Me has interrumpido y ahora he olvidado por dónde iba, muchas gracias. Y... Sí, fui expulsado. Esos viejos catedráticos no querían oír la verdad dicha a la cara.

Mi editor, Thomas Sullivan, soltó una potente carcajada. Su enorme "caja torácica", como él la llamaba, había asustado a muchos con un simple estornudo y aquella vez no fue distinto. Yo ya estaba acostumbrado, por supuesto, pero aquel pobre periodista parecía un gazapo asustado en medio de una jauría de perros de caza. Tom habló con ese acento sureño que tanto le caracterizaba.

-¿Y dónde decías que naciste, chico?

-En Steubenville, cerca de la frontera con Pennsylvania -me giré un instante hacia el periodista, quien estaba garabateando en su libreta otra vez -. No, no apuntes eso. Prefiero mantener mi origen en secreto, que sea algo más... misterioso.

Mi editor se volvió a reír de forma atronadora.
-Un chico malo, misterioso y encima escritor de novelas románticas... A las chicas les va a encantar. ¿Y sabes lo que eso significa? -le miré sonriente, levantando una ceja, expectante- ¡Más dinero, por supuesto!

Y tenía razón. A partir de ese primer artículo, mi fama se disparó y mis novelas se vendieron rápidamente. Thomas me llevó a reuniones en lujosos locales y me presentó a algunos de sus compañeros de las altas esferas. Curiosamente, fue entre tanto lujo e irrealidad donde por fin encontré a aquellos que me respetaban y me reconocían como un gran autor. Muchas de estas fiestas terminaban con un brindis y en la cama de alguna hermosa joven que había conocido aquella misma noche. Acababa llevándome sus corazones en cuanto salía de su apartamento, pero para ellas sólo quedaba el recuerdo de la maravillosa velada.
 
No obstante, fue una importante experiencia ya que me sirvieron de inspiración para comenzar una nueva etapa creativa, perfecta para dejar atrás a todos los autores realistas que intentaban alcanzarme tras La Gran Depresión. Mi padre cayó enfermo en la misma época y le mandé dinero a mi madre desde mi residencia en Columbus, mientras mis hermanos se ocupaban de cuidarle. Al final todo fue inútil, igual que él. Mi madre guardó el luto de forma tan celosa que se negó a mis reiteradas peticiones de que viniera a vivir conmigo y dejase ese horrible antro.

Aparte de ese detalle, mi vida avanzaba con un feliz traqueteo de atracción para niños. En mi ciudad, claramente iluminada bajo la luz de mi talento, apenas había rastro de la pobreza provocada por el terrible año 29. Y en cierto modo, me sentía culpable por ello. ¿Por qué no ir a salvar más lugares? Además, la mayoría de damas de la ciudad ya me conocían y no me inspiraban nada nuevo, aparte del deseo carnal que demostraban continuamente. Mi editor, sabio mortal, me dio la solución un día que pasaba a entregar un original:

-Otra romántica, ¿eh? -comentó leyendo la primera página por encima, cigarrillo en mano. Suspiró y lo dejó sobre la mesa, antes de apoyarse con las manos sobre ella- Últimamente estas novelas no se venden tanto, chico. Las luces, las fiestas, sólo siguen siendo comunes en muy pocas partes de América, como aquí. Cada vez hay más de esas, eh, críticas a todo esto. ¿Y sabes qué te digo? -me miró a los ojos y me señaló con el índice- Que venden. Las veo por todas partes y si están ahí es porque la gente las compra. Tú al principio escribías con el mismo estilo, era casi como si fueras a prever todo esto -terminó con una carcajada, mordiendo el cigarro.

Fue entonces cuando vi clara la oportunidad de usar mis cartas, de mostrar la maravillosa mano que me había dado el croupier nada más nacer.

-Justo hoy estaba pensando lo mismo -comenté con una sonrisa-. Aunque todos estos autores, he de reconocer que son... pasables, no puedo permitir que su ruido lleve al olvido mi música, la precursora de todo este movimiento. Pero -añadí, casi con picardía-, como has dicho, aquí la vida sigue siendo de un tono rosado. Tendría que buscar un lugar donde se noten de verdad los estragos en la sociedad, donde pueda crear arte nada más despertarme.

Thomas se quedó pensativo un rato, hasta que otra de sus estruendosas risotadas terminó con el silencio de la sala. Me devolvió una sonrisa, casi confidente.

-Pues ahora que lo dices, tenía unos asuntos que arreglar con un amigo en Cleveland, al norte. No será difícil encontrarte un apartamento para ti, si decides acompañarme -Thomas se levantó y se cruzó de brazos, casi satisfecho, esperando mi respuesta-. ¿Te parece bien? ¿Cuándo querrías ir?

-Cuanto antes.

Nada más llegué a Cleveland por primera vez, pude entender a lo que se refería mi editor. Sí, el arte saltaba a primera vista, un arte cruel, incluso nauseabundo, te inundaba por dentro. Sin embargo, era precisamente lo que necesitaba. El amigo de Thomas, Daniel, me encontró un apartamento en el centro de la ciudad y los dos tuvieron la amabilidad de presentarme los locales más "artísticos" de la ciudad, recordándome que no sería buena idea que paseara por ellos solo o en pareja, tanto de día como de noche. Algunos de ellos acabé visitándolos más de lo que debería, precisamente para acabar en pareja y por el simple deseo de conocer las partes más oscuras que ocultaban las sedas y edificios de la corrupta metrópolis. Uno de ellos acabó siendo el Club Montmartre, regentado por la generosa y amable Madame LeSeuer. Acabé cogiéndole tanto gusto al club y a sus chicas que le pedí tenerme una habitación reservada, la cual visito más que mi verdadero apartamento.

Mi primer año de estancia allí creó una serie de cambios placenteros e inesperados. Mi madre, después de haber guardado un luto de casi cuatro años, no había perdido contacto conmigo en ningún momento, y comenzó a plantearse la idea de venir a visitarme a Cleveland durante una temporada. Ese mismo año, di vida a un par de novelas cortas, las cuales mi editor consideró un éxito arrollador, y él también visitaba frecuentemente la ciudad por mí, obviamente. Podría decirse que había gobernado completamente la vida, la había dominado y ella ya no tenía secretos que ofrecerme.

Al menos, por el momento...
« última modificación: Enero 25, 2017, 05:24:09 pm por Helidiana »
 

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Re:Wirt Blackwood, apuesto escritor
« Respuesta #1 en: Enero 16, 2017, 12:38:09 am »
Pilares de cordura
  • El ego: No hay nada que le guste más a Wirt que alabarse o autocompadecerse, siendo él el centro del universo. Y de momento nadie ha podido decirle lo contrario.
  • La realidad: No hay secretos en este mundo, o al menos así lo considera él. Puede no saber cómo funciona exactamente la luz en su casa, pero sabe qué está ahí y es real. Tiene claro que la fantasía que pueda aparecer en sus novelas, sigue siendo fantasía y no hay nada parecido que se pueda volver real.
  • El lobo es un lobo para el hombre: Wirt sigue este lema y nunca le ha fallado. Sabe que todo tiene un motivo y ese motivo es atacar a otra persona. Los actos de amabilidad o bondad le parecen una fachada para conseguir algo a cambio en el futuro.
  • El capitalismo: Si algo no genera dinero de ninguna forma, es inútil, basura. Se lo enseñó su editor desde el primer día que comenzó a trabajar con él. Pasa lo mismo con las personas, e incluso con el arte. Si no vende...

Fuentes de estabilidad
  • Sarah Blackwood: Madre cariñosa y con un cariño incondicional hacia su hijo, a pesar de su carácter "difícil". Aunque Wirt podría vivir la vida solo y sin preocupaciones, en el fondo sería incapaz de seguir sin oír la voz de su madre varias veces por semana.
  • Thomas Sullivan: Editor y prácticamente el mejor amigo y confidente de Wirt. La mayoría de los cambios sobre su estilo artístico los consulta primero con él, además de otras decisiones importantes, como mudarse. Casi ha sido una figura paternal en los últimos años.
 

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Re:Wirt Blackwood, apuesto escritor
« Respuesta #2 en: Enero 17, 2017, 11:46:22 pm »
Nombre: Wirt Blackwood
Edad: 26 años
Profesión: Escritor
Motivación: Arrogancia
Indicador: |

Habilidades Académicas:
  • Buscar libros* 4
  • Historia* 4
  • Historia del arte 1
  • Idiomas* 2

Habilidades Interpersonales:
  • Adulación 2
  • Bajos fondos 2
  • Crédito 3
  • Evaluar sinceridad* 4
  • Historia oral* 2

Habilidades Técnicas:
  • Habilidad artística* 4

Habilidades Generales:
  • Armas 2
  • Armas de fuego 4
  • Atletismo* 12
  • Conducción 4
  • Cordura 12
  • Estabilidad 6 - 1
  • Huida 5
  • Ocultar 8
  • Primeros auxilios 3
  • Psicoanálisis* 10
  • Salud* 14 -2(temp)
  • Sigilo 5
  • Sentir el peligro 4
« última modificación: Abril 23, 2018, 09:26:49 am por Helidiana »
 

Helidiana

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Re:Wirt Blackwood, apuesto escritor
« Respuesta #3 en: Enero 25, 2017, 05:28:50 pm »
Coche: Ford modelo A, Tudor Sedan Standard, negro y de primera mano.